La voz poética de Micaela Solís
Elegía en el desierto de Micaela Solís es un texto cuya sencillez se logra a base de complejidad. Su poema recorre trozos de realidad a través de tres senderos: La desesperación que la autora conjuga con la voz de las asesinadas. La mirada que contempla con angustia el desgarre social que vivimos en Ciudad Juárez. Y no se detiene ahí, sino que emprende un viaje subjetivo hacia el pensamiento de los causantes de las muertes.
Entre las vacilaciones comunes del lenguaje brota una voz que no es la muerte, es una voz a la que Micaela imprime vértigo y vida. La poetisa quiere “continuar el grito” de la mujer masacrada que no debe “morir del todo” p.p. 76,20.
Sentimos, más que oímos, la voz de la fallecida: la muerte que el lenguaje atrapa para invitar al grito y al no-olvido. En un diestro ejercicio poético, Micaela explica la muerte a través de la vida. Se percibe la fugaz vitalidad de esas jóvenes mujeres cuando describe “la brevedad de su vuelo …/el aleteo diseminado entre cables y circuitos” p.44. Su explicación de la vida joven a través del vínculo entre el género animal y los productos industriales habla de su habilidad para jugar con este artificio que es el lenguaje. Cuando la autora dice: “esa juventud en masa ganándose la vida/ …/el sabor a durazno de tu chicle/los brillos de tu barniz de diamantina/y el copete de nube”p.45, los residentes de Juárez sabemos que la voz poética habla de una joven obrera de maquila.
La efímera alegría y el infinito dolor se ahogan en el “mar de ilusiones disecadas”p.37 que se percibe en esta frontera postindustrial. El impacto de la violencia conduce a esta poeta a imprimir una tensión entre el lenguaje y una realidad caótica que se concentra “en el ejercicio del mandato/la maldición/la furia/ la violación/ la dentellada/el crimen/ el cinismo p.59.
La espiral del vacío que atrapa al asesino absorbe también a una población que ante el horror, prefiere la indiferencia. La intromisión del asesino en la vida fronteriza provoca el lamento de la poetisa: “ciudad de carniceros”p.62. Fuerte, pero no falto de veracidad. Dentro de la “sociedad que le da la espalda a su derrumbe” p.26 hay un asesino cuya existencia se diluye entre gritos, coca, alcohol, anfetaminas …”p.58. Micaela elabora un vaivén entre la “nada”de los asesinos, las ocupaciones de los juarenses que quieren seguir apurando su vida y las Autoridades deliberando sobre los delincuentes ilegales y los delincuentes legales p.36.
En un lenguaje singular la poetisa formula cuestionamientos y respuestas. A la vez que denuncia la indiferencia de la sociedad juarense, en un interesante ejercicio poético, abre un abanico de interrelaciones entre violencia, dolor, vacío y ansiedad. Eventos y situaciones crueles y violentas surgen entre palabras que quieren alcanzar esa realidad sangrienta. A la vez que habla de la “impronta de la maquila”p.64, permite ver destellos de los catalizadores del vacío y la indiferencia. La ubicación geográfica de nuestra frontera permite pasar a ese “viento del norte que succiona” p.46, asusta y llena de prisas al juarense. El “linde de mundos”p.46 provoca ansiedades que pretenden alejarse del horror de la herida que llega con la muerte y a su encuentro sólo llega el vacío. De ahí entonces la búsqueda de olvido en las murallas que no permiten oír los gritos ni oler el miedo, de ahí también el lamento poético que dice: “vamos a Wal-Mart/ los domingos en la mañana, como si nada/Como si nada p.74.
Las palabras de Micaela Solís se enfrentan con una realidad agresiva. Su congoja y coraje encuentran cauce en palabras que rebasan la designación común. La voz poética, más que denunciar los patrones de conducta adversos que percibe y refiere a la inversión extranjera en Ciudad Juárez, pone también de manifiesto el abismal vacío y la desesperanza de las víctimas, del asesino y de nuestra ciudad fronteriza. Entre los sentidos que surgen de las palabras, además del tono feminista del que hablan los “vientos misóginos”p.71, brota también un dolor lacerante por todas aquellas jóvenes cuya vida plena sólo quedó en tentativa. Pero Micaela goza del privilegio de transformar su ira en poesía. Por eso podemos afirmar que es una poeta hábil. Sabe que no basta con encadenar palabras para expresar su sentir. Sabe -y lo hace- que debe incursionar en el juego cuyo objetivo es atrapar los silencios que se imponen al lenguaje. Así, en un su poética conjuga el silencio del lenguaje con el silencio de la sociedad juarense. A la vez, logra un coro entre la voz poética y la voz de las víctimas. La oscilación de las palabras micaelianas, hace vibrar la muralla de ansiedad en que quedamos atrapados los juarenses. La reflexión y las pausas que provocan su “elegía” siembra entonces flores en el desierto.
Elegía en el desierto de Micaela Solís es un texto cuya sencillez se logra a base de complejidad. Su poema recorre trozos de realidad a través de tres senderos: La desesperación que la autora conjuga con la voz de las asesinadas. La mirada que contempla con angustia el desgarre social que vivimos en Ciudad Juárez. Y no se detiene ahí, sino que emprende un viaje subjetivo hacia el pensamiento de los causantes de las muertes.
Entre las vacilaciones comunes del lenguaje brota una voz que no es la muerte, es una voz a la que Micaela imprime vértigo y vida. La poetisa quiere “continuar el grito” de la mujer masacrada que no debe “morir del todo” p.p. 76,20.
Sentimos, más que oímos, la voz de la fallecida: la muerte que el lenguaje atrapa para invitar al grito y al no-olvido. En un diestro ejercicio poético, Micaela explica la muerte a través de la vida. Se percibe la fugaz vitalidad de esas jóvenes mujeres cuando describe “la brevedad de su vuelo …/el aleteo diseminado entre cables y circuitos” p.44. Su explicación de la vida joven a través del vínculo entre el género animal y los productos industriales habla de su habilidad para jugar con este artificio que es el lenguaje. Cuando la autora dice: “esa juventud en masa ganándose la vida/ …/el sabor a durazno de tu chicle/los brillos de tu barniz de diamantina/y el copete de nube”p.45, los residentes de Juárez sabemos que la voz poética habla de una joven obrera de maquila.
La efímera alegría y el infinito dolor se ahogan en el “mar de ilusiones disecadas”p.37 que se percibe en esta frontera postindustrial. El impacto de la violencia conduce a esta poeta a imprimir una tensión entre el lenguaje y una realidad caótica que se concentra “en el ejercicio del mandato/la maldición/la furia/ la violación/ la dentellada/el crimen/ el cinismo p.59.
La espiral del vacío que atrapa al asesino absorbe también a una población que ante el horror, prefiere la indiferencia. La intromisión del asesino en la vida fronteriza provoca el lamento de la poetisa: “ciudad de carniceros”p.62. Fuerte, pero no falto de veracidad. Dentro de la “sociedad que le da la espalda a su derrumbe” p.26 hay un asesino cuya existencia se diluye entre gritos, coca, alcohol, anfetaminas …”p.58. Micaela elabora un vaivén entre la “nada”de los asesinos, las ocupaciones de los juarenses que quieren seguir apurando su vida y las Autoridades deliberando sobre los delincuentes ilegales y los delincuentes legales p.36.
En un lenguaje singular la poetisa formula cuestionamientos y respuestas. A la vez que denuncia la indiferencia de la sociedad juarense, en un interesante ejercicio poético, abre un abanico de interrelaciones entre violencia, dolor, vacío y ansiedad. Eventos y situaciones crueles y violentas surgen entre palabras que quieren alcanzar esa realidad sangrienta. A la vez que habla de la “impronta de la maquila”p.64, permite ver destellos de los catalizadores del vacío y la indiferencia. La ubicación geográfica de nuestra frontera permite pasar a ese “viento del norte que succiona” p.46, asusta y llena de prisas al juarense. El “linde de mundos”p.46 provoca ansiedades que pretenden alejarse del horror de la herida que llega con la muerte y a su encuentro sólo llega el vacío. De ahí entonces la búsqueda de olvido en las murallas que no permiten oír los gritos ni oler el miedo, de ahí también el lamento poético que dice: “vamos a Wal-Mart/ los domingos en la mañana, como si nada/Como si nada p.74.
Las palabras de Micaela Solís se enfrentan con una realidad agresiva. Su congoja y coraje encuentran cauce en palabras que rebasan la designación común. La voz poética, más que denunciar los patrones de conducta adversos que percibe y refiere a la inversión extranjera en Ciudad Juárez, pone también de manifiesto el abismal vacío y la desesperanza de las víctimas, del asesino y de nuestra ciudad fronteriza. Entre los sentidos que surgen de las palabras, además del tono feminista del que hablan los “vientos misóginos”p.71, brota también un dolor lacerante por todas aquellas jóvenes cuya vida plena sólo quedó en tentativa. Pero Micaela goza del privilegio de transformar su ira en poesía. Por eso podemos afirmar que es una poeta hábil. Sabe que no basta con encadenar palabras para expresar su sentir. Sabe -y lo hace- que debe incursionar en el juego cuyo objetivo es atrapar los silencios que se imponen al lenguaje. Así, en un su poética conjuga el silencio del lenguaje con el silencio de la sociedad juarense. A la vez, logra un coro entre la voz poética y la voz de las víctimas. La oscilación de las palabras micaelianas, hace vibrar la muralla de ansiedad en que quedamos atrapados los juarenses. La reflexión y las pausas que provocan su “elegía” siembra entonces flores en el desierto.

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